• Un único Dios ISBN 9789873324383, y El observador ISBN 9789873324376
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El genesis y la ciencia

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La biblia y el pueblo elegido

El tetramorfo, los cuatro seres vivientes del Apocalipsis


¿Quiénes son los cuatro seres vivientes del Apocalipsis?
¿que significan los cuatro seres vivientes?

INTRODUCCIÓN
Los cuatro seres vivientes -o el tetramorfo[1]-, son los roles de la Divinidad en la Historia de la Salvación.
Tanto en la profecía de Ezequiel, como en el libro del Apocalipsis según Juan podemos ver la descripción de estas cuatro figuras de lo que los hagiógrafos, -los escritores sagrados-, describen como seres con rostros de hombre, buey, león y águila. Seres que son presentados en cercana relación con Dios y que han generado en algún punto cierta sensación de cosa oculta y a la vez –quizás-, de las visiones más extrañas e inquietantes de la Biblia.
Todo en la Biblia tiene su sentido, su motivo de ser, y para su explicación es necesario analizar la historia de la Salvación, su desarrollo, y cómo Dios interviene en la historia de la humanidad en su deseo de rescatarla de las manos del enemigo, -del Satán-, para llevarla a la redención.
Estos seres vivientes son clave, reflejo y metáfora de esa tarea a la que Dios se aboca, y expresan los mecanismos, y tal vez sistemas utilizados para ese fin al interactuar en el desarrollo de la vida humana desde sus albores hasta el fin de los tiempos. Estos mecanismos, -podríamos decir-, son lo que llamamos los roles de la divinidad en la historia de la salvación. Roles, facetas, funciones que interpreta Dios y asume a través del Verbo para la tarea trascendental.

1 Tetramorfos (del griego τετρα, tetra, “cuatro”, y μορφη, morfé, “forma”).

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Simbolismo literario y artistico


ANTECEDENTES

Simbolismo literario y artístico

Los autores cristianos dotaron de un rico simbolismo a los vivientes, siendo los comentarios de Ireneo y Jerónimo los de mayor repercusión artística.
Ireneo (s. II, Contra los herejes) fue, posiblemente, el primero en relacionar los vivientes y los evangelistas, asociando el águila a Marcos y el león a Juan[2]. Sin embargo, en las obras de arte, si bien se mantiene la relación tetramorfo-evangelio, se invierte la asociación de Ireneo, de modo que el águila va unido a Juan y el león a Marcos.
San Jerónimo en el siglo IV (Comentario a Ezequiel) sostuvo también que cada uno de los seres era uno de los evangelistas. Así pues –según San Jerónimo-, el hombre simbolizaría a Mateo, porque su evangelio se inicia con la genealogía humana de Cristo; el león a Marcos, porque inicia su texto nombrando a Juan Bautista, voz que clama en el desierto (Mt 1,3), y el león era un animal de desierto; el toro a Lucas porque abre su relato con el sacrificio de Zacarías, siendo el toro un animal sacrificial; y el águila a Juan, porque su escrito es el más abstracto y el que se eleva sobre los demás. Sus asociaciones se trasladaron literalmente al arte.
Para otros autores, como San Ambrosio (s. IV)[3], Gregorio Magno (s. VI)[4], Honorio de Autun (s. XII)[5] o Pedro de Capua (s. XII-XIII)[6], los vivientes harían referencia a la encarnación, muerte, resurrección y ascensión de Cristo, o lo que es lo mismo: Christus erat homo nascendo, vitulus moriendo, leo resurgendo, aquila ascendendo. La vinculación entre león y resurrección que plantean estos autores fue también desarrollada en los bestiarios medievales, que a su vez se inspiraban en el Fisiólogo (escrito anónimo procedente tal vez de Alejandría del siglo II)[7]. Sin embargo, esta lectura simbólica no tuvo trascendencia artística ni teológica.

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HISTORIA DE LA SALVACION


Iniciamos nuestro camino con el primer relato del libro del Génesis en el que leemos que en el sexto día Dios crea a la humanidad, teniendo en mente que los días narrados en el Génesis no son días de 24 horas, sino los días en que el observador de la visión, narrador de la visión, accedió a ella.
Dios le muestra a alguien, -posiblemente Moisés-, cómo realizó la creación de nuestro planeta y lo hace en siete días, y a medida que avanza este proceso accedemos a determinado detalles fundamentales como es el de la decisión de Dios de darnos –a los humanos-, su imagen y semejanza, detalles cruciales y fundamentales del ser y motivo de la tribulación humana y de su salvación.
Leamos:
“Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra.
Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra.»
Dijo Dios: «Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para vosotros será de alimento. Y a todo animal terrestre, y a toda ave de los cielos y a toda sierpe de sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba verde les doy de alimento.» Y así fue.

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El Eden


A través del relato del Edén Dios nos muestra quién es el culpable del error humano, no sólo deja en evidencia quién es el responsable sino que además nos da las herramientas para defendernos de este mal “asesoramiento”, de este “instigador”. El Edén es una re-creación simplificada del proceso general de lo que la humanidad padecía fuera del Edén, y que debía corregirse para evitar el sufrimiento inútil e innecesario de la cual ella era objeto. Pero para que esto ocurriera primero era necesario que los hombres entendieran lo que estaba pasando, y supieran quién era el responsable. Por eso Dios toma un sitio que aún no había sido “labrado”, -dice el texto-, y allí, en este punto de la narración es que debemos recordar que la labranza es una actividad moderna lo cual nos indica un momento temporal en la historia, el Edén se ubicaría en una época de la humanidad en que ésta ya estaba asentada en ciudades o poblados y que realizaba actividades de labranza, lo cual nos da una perspectiva de todo el tiempo que había pasado para la humanidad y su desarrollo y en qué punto del desastre del engaño del Satán se encontraba.

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El cordero, sacrificios animales


Como decíamos antes el sacrificio animal no fue algo dado por Dios, o deseado por Dios. No es algo que Dios haya querido, deseado, o proyectado para la humanidad. De hecho recordando el Génesis 1 debemos volver sobre que el proyecto inicial de Dios era que la comida de la humanidad debía ser los granos de las plantas, las semillas y los frutos de los árboles. Claramente Dios nunca deseó ni contempló que la gente se comiera a los animales ni que los matara en ofrenda para Él, menos aún a dioses inexistentes. Por lo tanto es claro que los sacrificios a los dioses fue una idea del enemigo, así que lo que hace Dios es tolerar este error humano y a partir de allí lleva a la humanidad a terminar para siempre con esa locura del sacrificio.
Para realizar esta tarea inicia con Abel, el primero en realizar una sustitución del sacrificio humano por el sacrificio de un animal, un animal de su rebaño sin hacer un sacrificio humano que bien podría haber sido matando a Caín su hermano, ya que Abel no tenía hijos ni esclavos.

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El becerro de oro


Recordemos el becerro de oro en el desierto cuando Moisés tardó en bajar del monte y el pueblo pensó que ya no regresaría. Moisés demoró en bajar, el pueblo creyó que su líder había muerto y entonces le pidieron a Aarón, el hermano de Moisés que les hiciera una imagen de lo que ellos creían que era el dios que los había sacado de Egipto (Éxodo 32). Ese dios -que ellos creían que era Yahveh-, era el dios El, un dios de la zona cananea representado por un becerro. Este dios El da lugar a Eloa, Alá, a Elohim, Elohenu, como vemos el pueblo no escuchó a Dios cuando habló con Moisés y no terminó de comprender que ese dios El no era YAHVEH.
Recordemos la historia de Moisés y la zarza ardiente, cuando Moisés pastaba el rebaño de su suegro Jetró y vio una zarza ardiente que no se apagaba.

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Los roles de la Divinidad


Entonces tenemos al viviente con rostro de hombre, porque es uno de los roles de la divinidad –el Verbo-, encarnando como hombre, 100% hombre, nacido de una mujer –el evangelio de Mateo-, por otro lado es el animal al sacrificio, un animal que debe ser sacrificado en cumplimiento de las normas del enemigo, el príncipe de este mundo, y por eso Jesús –como dice Juan el bautista-, es el “cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. El evangelio de ese rol del animal al sacrificio es Lucas. Luego el rol del león de la tribu de Judá, el judío. Un integrante del pueblo hebreo, del pueblo elegido, un descendiente de Adán, que lo vemos a través del evangelio de Marcos. Y al final el Verbo siendo completamente Dios, completamente trascendental. Ese rol nos lo muestra más claramente el evangelio de Juan y el libro del Apocalipsis.

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El verbo de Dios encarnado


Para comprender quién es Jesús debemos leer el evangelio de Juan, que dice:
“En el principio era la Palabra (el Verbo, el Logos), y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe” (Juan 1)
Juan nos está diciendo que el Verbo de Dios, la Palabra de Dios ha sido “personalizada” por Dios y tiene cierta separación de Dios, del “Padre” como lo llama Jesús. Esta separación, esta personalización la hace Dios en función de otorgar a sí mismo ciertas facetas de sí mismo. Entonces Dios que es lo único existente hace que su Palabra tenga esta capacidad de ser, de tener existencia libre aun siendo parte de la divinidad, y a través de ella todo lo creado es manifestado, decimos manifestado por que Dios manifiesta por la palabra, por el Verbo, por el Logos, lo que no había sido manifestado, y trae a la existencia lo que no existía.
Juan dice: en el principio estaba la palabra, porque la palabra existe desde siempre porque es parte de Dios, por lo tanto no tuvo un comienzo, siempre existió. Luego dice: “la palabra estaba con Dios”, pero en el original griego en realidad dice que la palabra esta vuelta hacia Dios, cómo atenta a la voluntad del “Padre”, para llevar adelante los proyectos, designios, deseos. Entonces nos dice que: “Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe”, justamente porque es por la palabra que todo es manifestado. Al punto que al volver a leer el Génesis 1 leemos: “Bereshit bará Elohim”, Bereshit es en el principio, Elohim es Dios, recordemos que esta palara tenía su raíz en el dios El, y “bará” significa manifestar, aunque por lo general se traduce como crear, porque Dios no crea, Dios manifiesta. El hombre crea a partir de lo manifestado por Dios, pero el que manifiesta lo no manifestado es sólo Dios por su Palabra, el Logos, el Verbo. Ese Verbo, al encarnar terrenalmente en la historia de la Salvación es Jesús, Yeshua. Yeshua que significa Yahveh salva, o Yahveh sana. En arameo es Yeshu (sin la a), y en español Jesús.
Jesús que es el Verbo de Dios que encarna como humano a través de una mujer humana, María. Una mujer judía, ya que el Mesías debía ser judío, justamente el pueblo hebreo es creado por Dios para enderezar los caminos de la humanidad, corregir los errores de politeísmo, idolatría, sacrificios humanos y animales, y al final pagar el rescate de la humanidad de la manos del Satán en cumplimiento de un acuerdo entre Dios y el Satán que no conocemos pero por el que el engañador tiene la potestad de administración del mundo y puede poner este tipo de normas y reglas, normas y reglas que no son de Dios y justamente por eso es que Dios lo tolera y en su mismo juego le paga según sus normas.
 

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La vision de Ezequiel, los cuatro seres vivientes


¿Quiénes son los cuatro vivientes de la profecía de Ezequiel?
¿Que significan los seres vivientes de Ezequiel?

Veamos la visión del profeta Ezequiel que también nos muestra al tetramorfo:
Ez 1: 3: “la palabra de Yahveh fue dirigida al sacerdote Ezequiel, hijo de Buzí, en el país de los caldeos, a orillas del río Kebar, y allí fue sobre él la mano de Yahveh.
Yo miré: vi un viento huracanado que venía del norte, una gran nube con fuego fulgurante y resplandores en torno, y en el medio como el fulgor del electro, en medio del fuego.
Había en el centro como una forma de cuatro seres cuyo aspecto era el siguiente: tenían forma humana. Tenían cada uno cuatro caras, y cuatro alas cada uno.“
Vemos aquí que los “vivientes” tienen forma humana, ya que son roles de la divinidad, del Verbo, en la historia humana. Cuatro caras, una por cada rol, y las alas que transmiten la idea de hacer con celeridad la voluntad de Dios.
“Sus piernas eran rectas y la planta de sus pies era como la planta de la pezuña del buey, y relucían como el fulgor del bronce bruñido. Bajo sus alas había unas manos humanas vueltas hacia las cuatro direcciones, lo mismo que sus caras y sus alas, las de los cuatro. “
Vemos la “pezuña de buey” y recordamos al dios El, al becerro de oro, y a los sacrificios de animales que terminarían, desembocarían en el cordero de Dios.

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Los cuatro evangelios


Los evangelios son cuatro, Lucas, Mateo, Marcos y Juan, y justamente son cuatro porque cuatro son los roles de la divinidad en la historia de la Salvación. Cada uno de ellos presenta la historia de Jesús desde esa perspectiva, desde la perspectiva del rol trascendental.
Por un lado tenemos el número 4 que tiene que ver con lo humano, ya que es la historia de la Salvación de la humanidad, y el 4 representa los cuatro puntos cardinales, las cuatro estaciones, la Trinidad más el hombre 3+1.
Los números en la Biblia son de valoración, Dios 1 y 3, lo humano 3+1: 4, la humanidad en la interacción con Dios 3 (de Dios) x 4 (de lo humano): 12.
12 son las tribus de Israel. 12 son los apóstoles.
Recordemos el texto del libro del Apocalipsis, el libro que es las Revelaciones de Jesucristo, y es el libro de las revelaciones justamente porque ese libro revela aquello que estaba oculto al entendimiento con respecto al Verbo y a sus roles. Cada viviente es en realidad Jesús, y los cuatro hacen una vez más a Jesús. Sólo que Jesús aparece facetado para que podamos acceder a entender sus roles.

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